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El sitio de Baltazar
Símbolos, valores, orgullo

Francisco Valdés Perezgasga
Si quieres reproducir esta columna, por favor pide permiso a Francisco (fvaldes@avantel.net)

Siempre me ha molestado esta identidad facilona entre verde y ecología. Viviendo en una región de ocres y blancos, en un desierto lleno de vida y de belleza, me parece que equiparar lo fotosintético con el ambiente y peor aún, con la lucha por conservar el ambiente- es un despropósito y acaba distorsionando la realidad, como una cortina de humo. En esta ecología pre-cerebral, por ejemplo, todo árbol es bueno. Guiados por ideas tan vacuas hemos agredido a México y a nuestra Laguna- con millones de eucaliptos, de pinabetes y de casuarinas, tres organismos dañinos donde los hubiera.
Sigamos con el catálogo de los símbolos que definen a eso que muy libremente denominamos como ecología. El arcoiris, el sol, las flores. De vez en vez una ballena, o el panda. Localizadamente, se usa de símbolo algún organismo carismático que está en peligro de extinción. Pronatura, una organización no-gubernamental mexicana utiliza la imagen del hocofaisán, un pájaro unicornio rarísimo de las
selvas húmedas de Chiapas.
Pero la lucha por el ambiente urbano carece de un emblema
apropiado. Si hemos de seguir la máxima ambientalista de piensa globalmente, actúa localmente, una ballena o un arcoiris difícilmente podrán ser iconos adecuados para abanderar el ansia por una ciudad más humana y vivible.
Propongo entonces a la bicicleta para ocupar esta vacante. La bici, burra, bicla, güila o baica, transporta gente y mercaderías sin producir ruido, sin emitir gases y sin demandar mayores infraestructuras urbanas (estacionamientos, vialidades). Al servir de transporte puerta a puerta da una sensación de libertad y de
comodidad a quien la usa. Promueve la buena condición física de los que pedaleamos.
Dice Mario Gaviria, Profesor de Sociología de la Universidad Pública de Navarra: Para mí el emblema, el símbolo, el logotipo, la imagen simbólica de una sociedad ecológicamente autosostenible y socialmente avanzada, ética y ambientalmente viable no es el sol sino la bicicleta. Fácil de producir, fácil de utilizar, fácil de aparcar,
termodinámicamente casi perfecta. La bicicleta nos da salud y libertad, nos ayuda a ahorrar tiempo y dinero, y sobre todo nos ayuda y nos ayudará a salvar el planeta, a evitar el efecto invernadero y el cambio climático derivado del consumo excesivo de hidrocarburos.
La bici no solo es un medio de transporte. Si deseamos
ciudades más humanas es decir, más seguras y más amables, menos ruidosas, con aire más limpio, en fin ciudades más urbanas, entonces la bici es el instrumento para lograrlo.
Si bien puede esgrimirse argumentos económicos, urbanísticos y sociales a favor de utilizar menos el coche y más la bicicleta, los ciclistas sabemos que hay una motivación ética e incluso estética- para pedalear. Andar en bici es una manera de mostrar nuestra solidaridad con el ambiente, es decir, con los demás. Por ello es una
pena que nuestra ciudad, que siempre se ha prendado de ser moderna y vanguardista, vaya a la zaga en la promoción de la bicicleta y estemos persiguiendo un sueño vial claramente anticuado: el sueño que se ha vuelto pesadilla en Houston o en Monterrey por citar dos lugares que
hacen suspirar con sus modelos caducos a más de un anacrónico lagunero.
En La Laguna no hay suficientes estacionamientos de bicis y por ello vemos tantas bicis amarradas a cercas, postes y señalamientos viales.
La vialidad se planea y se ejecuta sin tener en cuenta a los miles de laguneros que pedaleamos. La prensa es definitivamente hostil y las autoridades nos prohiben la circulación de un número creciente de calles sin proveer ninguna alternativa. Si queremos avanzar, si queremos recuperar nuestro papel de vanguardistas urbanos, tenemos que modificar nuestro modelo vial.
Quisiera cerrar citando de nuevo al Profesor Gaviria quien
dice: Los ciclistas urbanos debemos defender que somos gente normal, no bichos raros y excéntricos empeñados en llevar la contraria sino gente que utilizan un vehículo inventado hace más de 100 años y que acabará triunfando en los próximos 100 años. Somos, pues, portadores de futuro, gente vanguardista, pioneros, creadores de opinión y de
valores. Hay que evitar que nos expulsen fuera de la circulación con la excusa de que somos excéntricos, marginales, etc. ... Circular en bici debería ser visto como un placer y un orgullo culto. Mientras no consigamos transmitir nuestros valores no aumentarán los ciclistas
urbanos. No somos pobres diablos que molestan a los coches. Somos ángeles oxigenados, ángeles musculados con motor de hemoglobina, pura proteína, pura vitamina.
Amén.

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