Al norte de la ciudad de Pachuca, el cielo está azul y el viento frío. Reconozco a una señora que he visto varias veces llendo en sentido opuesto al mío. Trenzas, mejillas redondas y rojas como manzanas. Hace pocas semanas, se le veía en la cara el esfuerzo que hacía para mantener el equilibrio en la pequeña bicicleta tipo BMX, con un portabultos en donde lleva al niño, seguramente a la escuela, por el uniforme azul marino. Me alegro cuando la veo relajada, pedaleando cómodamente. Entonces, da vuelta, describiendo un círculo perfecto y descubre a una segunda señora, con trenzas, mejillas redondas y rojas, en otra BMX, otro niño con uniforme azul marino. Gira y se coloca detrás, diciendo "¡Ya no chilles, ya me pasaste!" Ambas rien fuerte y encantadoramente, como lo hacen las mujeres mexicanas cuando la timidez desaparece. Horas después, en la oficina, sigo sonriendo. Internamente me declaro a favor de la clonación bicicletera. |